Yo, que hago mis horas
según me siente bien…
Yo, que he llegado a los años
que ya no tienen precio,
o cuyo precio es caro.
Yo, que he ido y venido
trazando cada trazo,
según las circunstancias
y el retraso o atraso.
Yo, que inútilmente
quiero alargar el tiempo,
aunque sea un fracaso.
Siendo aquella que acata
lo corto de las horas,
o lo mal que me siento,
o lo largo que llegan
los años a mi cuarto,
sugiriendo estrategias,
motivando letargos.
Yo, que sigo en la vuelta,
también en la venida,
como siempre lo he hecho,
en el yendo y viniendo
de días transcurriendo;
sólo espero, sentada,
ver reducir mi cuerpo
como suaves cenizas
que marchan, rio adentro
buscando los lugares
perdidos en mis sueños…
¿Mi alma?
sólo espero que llegue,
lo más pronto posible
a reducir su peso.
Teniendo la importancia
de las almas que viajan
hacia lo más lejano
de todo el Universo,
quiero llegar ligera,
transparente y ungida,
hasta mi etéreo lecho.