Y muy a pesar mío,
sigo esperando todo
lo que no se ha perdido;
sigo aullando a la luna
en las noches tranquilas.
Sigo esperando versos
que, apenas, se perfilan,
sigo sintiendo todo
lo que absorbe y fascina.
Y muy a pesar mío,
me importan las vendimias
de versos en el aire.
La tempestad de luces,
que la ceguera evade,
el camino tan largo
para cada detalle,
la humildad de los versos
nacidos en el valle.
Y, muy a pesar mío,
respaldando el desaire,
desisto de mi misma
para inventar alardes
de una pluma escribiendo,
un corazón latiendo,
aunque ya sea tarde,
despertando misterios
¡que no dañan a nadie!