Voy
Voy

Voy

Voy a lo más profundo

de la estela

conjugando centellas

con mi canto,

mientras mi barca triste,

navegando,

va perdiendo su imagen

entre tanto.

Una débil neblina

hace mellas

en la visión correcta

de mis sueños

y se escapan veloces

tras los remos,

pequeños peces

cual brillantes dardos,

burlandose de mi

y de mis quejas.

Esta oscura la mar.

En mi desmedro,

me pienso en el eclipse

de los astros,

entre un pequeño vaho

que seduce

mi pobre majestad

con sus halagos.

Vértigos van y vienen

sin descanso,

depreciando mi bien

en su descargo

y la mar ya lamenta,

entre mis manos

 la ruptura de pompas,

que fugaces,

también se marchan

sin ningún reclamo.

 

Cambia la mar ahora,

lentamente,

se acurrucan ligeros

en mi mente

los furiosos oleajes

de la tarde.

 

La brisa ya navega

de nuevo con mi barca.

Haciendo de apacible

consejera,

va rumiando canciones

en mi higuera

restandole acidez

a los frutales

que cerca de la playa

hacen alarde

de quedar para siempre

en mis riberas.

 

Se va desperdigando

el aleteo

entre una y otra ola

que cabalga

hasta la quietud noble

de la orilla,

meditando, quizás,

aguas tranquilas

a pesar del derrumbe

de mis ayes.

 

La caracola azul

de mis delirios

quiere limar ahora

la aspereza

y concentra en su concha

mis tristezas,

mientras un alcatraz

se va de viaje.

 

No se si volverán

los días tranquilos,

en intranquilas aguas

que susurran

donde quiera que voy,

sin haber ido,

la herrumbre de pesar

me va cobrando

futuras travesías

domenadas,

donde el afán de ir

se va quedando

en un intenso musgo

que pregona

su humedad

en el vientre

de mis playas.

 

Quietamente va el mar

haciendo olas

y, quietamente,

salgo de mi barca.

Más tranquila que el mar

luciendo ahora,

mi tristeza de siempre

entre sus arcas.

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