Te Llamo Tierra
Te Llamo Tierra

Te Llamo Tierra

Te llamo Tierra

y eres para mi:

la alfombra verde

que el terruño cruza,

hasta la vastedad del mar

azul y verde mar,

que así te baña,

recibiendo los ríos caudalosos,

que reclaman sus aguas otros ríos

para juntos morir entre tus faldas.

Te llamo Tierra y eres

el abrigo 

que me brindan tus ramas imprecisas,

con la dulzura grande que me embarga

cada vez que te siento y que te miro,

meciendote en las alas la brisa

que rememora el son

de tantos siglos.

Te llamo Tierra y siento

abiertos todos los caminos,

cada vez que consigo degradarme

a un tiempito de paz

entre trabajo y trinos.

Te llamo Tierra y vienes

derechito a mi estancia

con una suavidad de madre aduladora,

trayéndome la paz y el regocijo

de las viejas andanzas hermanadas

a la traviesa hazaña de los niños,

que trepando tus árboles lograban

atrapar en el cielo tus suspiros.

 

Colorida, negroide,

subyugante,

aurora de estaciados vertideros,

unidad de la tierra

florecida en los frutos

ciñendose de sol,

de sal y azúcar,

de pura miel,

en flores, bebederos

de versátiles alas

que se cruzan miradas

por audaces cocoteros.

 

Te llamo Tierra y llamas

quedamente a mi puerta

como para no despertar

las musas que me quedan,

asumiendo mis luchas clandestinas.

Para que no te olvide

entre mis páginas

y alguna vez

te dedique

mi poesía.

Te llamo Tierra

amada y dolorida

y le brindas a mi alma

con ese canto negro e infinito

las mismas cicatrices de tus hijos.

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