En detrimento de mí misma,
me consuelo.
Vivo en la concha
que yo misma fabrico
con absoluto celo.
Es el límite mágico
en que esconderme suelo,
para luego encontrarme.
Intacta, pobre de amaneceres
y triste en la nocturna
travesía.
En la coraza íntima
de un alma
que vive en el vivir:
tormenta y calma,
añoranza y quietud,
sonrisa y lágrima;
con la idea febril
de alguna vez estar,
ser, existir, copiar
todas esas ideas libertarias
que siempre presentí:
en otras playas,
otro mar interior,
otro lejano límite
sin portón ni murallas…
Y, ya ves, sigo aquí,
temerosa de ser,
oculta tras mi concha,
sin luchar mis batallas…