Que vida esta
y como te maltrata:
a Usted le concedió
ser lo que quiera
con el mundo a sus pies,
bajo sus ansias,
proyectándose en mi
como una lápida,
pesada y fría lápida
que pesa.
Sin saber sugerir,
sin democracia.
Usted solo, en su esquina
de Dios anquilosado
va emanando sentencias
u órdenes a mi lado,
sin ser yo
su personal a sueldo.
Yo lo miro tranquila
y en desmedro
de lo que pienso y digo
a cada instante,
sin que pueda endosarle
a su talante
todas las groserías
que me dice,
porque no soy así,
como Usted dice
y pido nunca ser
más que yo misma.
Que más satisfacciones
da mi vida
que la vida que a Usted
lo vitaliza.
Usted fuerte y cobarde
al mismo tiempo.
Usted pequeño y grande
según sea el momento.
Usted tan gobernado
por si mismo,
se esconde de sí mismo
y no de mi.
Porque yo con Usted
que tanto tiempo vivo
para ser fortaleza,
regocijo y abrigo,
me conformo con ser
este pequeño ser
que da alegría
y manda más que Usted
todos los días.