¿Que tienes?, me dices,
y es solo este canto
con sus cicatrices
llegandote hondo,
sin entender como
dices lo que dices.
¿Que tienes?, me insistes,
tal vez la añoranza
de pasados días,
las risas en casa
que no están contigo,
los días de novios
que ayer presumimos,
las bodas, las idas
hacia propias sendas
de todos los hijos.
La casa ya vieja
que se pliega a gritos
a decir verdades
y a escapar suspiros.
La lluvia que trota
ensuciando vidrios.
Los cuadros de siempre
diciendo lo mismo.
Las lágrimas fuertes,
abriendo y abriendo,
en un abanico
de esperanza y tedios.
Los días que pasan
sin oír las voces
queridas y alegres
de los pequeñitos
que te reconocen
de tanto quererlos.
Los pasos más lentos,
la vida que pasa,
las flores que quieren
alegrarte el alma
y solo consiguen
suspiros y lágrimas.
Las voces chiquillas
que se oyen de lejos,
pareciendo tuyas,
sin pertenecerte.
El viento que gira
la angustia que crece,
el querer marcharme
queriendo quedarme
entre estas paredes.
El entusiasmarme
mirando las fotos
de viajes de entonces
y ponerme triste
porque ya crecieron
los niños que fueron
y ahora son mujeres
y hombres que quieren
vivir a su modo.
La nostalgia suave
retornando ecos
de viejas palabras
que ya no acostumbran
murmurar los labios
tercos y resecos.
La triste nostalgia
que lucen lo cerros
lanzandole adioses
a mi desconsuelo.
Las risas ocultas
detrás de las puertas
si las tropelias
eran descubiertas.
Los llantos menores
por penas menores
callando resueltos
en un torbellino
de juego y testigos,
palpitando adentro.
Las mil ilusiones
que marcharon rotas
a ningún lugar,
las mil decepciones,
o los desengaños,
o los sinsabores
de todos tamaños
que fueron impuestos
por el simple esfuerzo
del vivir-vivir.
Los adioses prontos
a los que quisimos
y amarramos tanto
a nuestros caminos,
y esa espera tonta
para ver que tanto
nos lega el destino.
¿Que tienes?, te digo.
Es que se empañaron
los viejos cristales
y ya no consigo
entender que sientes
sin sentir lo mismo.