Por lo que queda
de las horas tristes
de las tontas llamadas,
de un mundo
que no existe,
de los muchos pesares,
de los muchos matices
que carga la tristeza
vistiendo días grises.
Por lo que ya sentimos
y alguna vez gustamos,
por tantos pasos dados
por esa alfombra en vuelo,
por todo lo que hicimos
antes de haber logrado
esa conciencia grata
formando los destinos
que, algún día, soñamos.
Por lo que alguna vez
palpitando vivimos,
con la fuerza que aguarda
nuestros mejores actos.
Por toda la vendimia
alegre, hasta los cansancios:
te regalo mis horas
como el recuerdo grato
que siempre presentimos
al unir nuestro abrazo.