No sé por qué la vida
retuerce desde adentro,
venciendo tus mil pliegues
con lisonja o disgusto,
y te lleva rodando
hacia donde no quieres
poniéndote en las dudas
de estar fuera de tono,
pero rodando siempre
hacia los mismos muros.
No sé por qué la vida
se toma esos caminos
entre andares tortuosos
y andares imprecisos.
Lo cierto es que caminas,
y el camino es tan largo,
que te dan los traspiés
de quedar sin zapatos
en un terreno duro
para tus pies descalzos.
No sé por qué la vida
se empeña en enseñarte
esas cosas pequeñas
que no aprendiste antes,
porque no lo pedían
las grandes academias,
que hacen que toda vida
sea línea que premia,
estarte en un salón
o estarte en una siembra,
pensando sin pensarte
por qué fuiste a la escuela
a aprender tantas cosas
que ya estaban resueltas.
No sé por qué la vida
me tiene y me entretiene
en esta inútil brega,
llenándome de insomnios
la tarea,
de sentirme infeliz y descontenta.