Debí contarte
de las largas horas
que esperaba encontrarte,
planeando tu visita
y no venías.
Ahora no vendrás
porque te pierdo.
Sin llamarla,
la muerte llegó a ti,
sola, tranquila,
sin perturbar tu sueño
antes del alba.
Llegó como el ladrón
que no consigue
huéspedes que se opongan
en la casa.
Y parece mentira,
tu, que para el hablar
fuiste tan contundente,
que tenías tu público,
adicto a ti
como buena docente,
que te querían sin más
por ser auténtica,
te mueres así,
sola,
te mueres de repente
sin avisarme antes,
sin que pudiera verte.
Te marchaste madrina
sin otra información
a que atenerme.
Pero me cuesta tanto
el olvidarte
que prefiero pensar
en alguna estrategia
que me permita verte.
Si es que se juntan
los que nos morimos
guárdame un puesto allá
para encontrarnos
y contarnos más cosas
de las que no supimos.