Bandera,
musa encendida,
tricolor que me inspiras,
cuando al sol del mediodía,
veo tus ocho estrellas resumidas,
en el cantar brioso de tus pliegues
henchidos por los besos de la brisa.
Venezolanidad abierta en la batalla
que supo el Gran Miranda proclamarla,
en El Leander,
bergantín precursor
de la futura Patria.
Amarillo-azul-rojísimo
de mis vastas quimeras,
de soñar a mi Patria,
dueña absoluta del futuro promisor
y sus banderas.
Escudo,
enseña nacional
volcada en cuernos
de asombrosas riquezas
desplegados,
arriba de la unión de espigas
y de espadas,
sobre la crin de trueno
que avasalla
las ansias de correr,
a toda prisa,
del brioso corcel
de correr Patrias;
y las cintas que enlazan
la madurez del hombre
o mujer, que persigue,
sobre todos los bienes,
el querer de ser libres.
Himno,
orgulloso estandarte.
cada mañana,
alertas a mi alma
con tus letras
que me hablan del sufrir
de pies cansados
sobre tu superficie de protesta.
Paso a paso avanzando
en la dura tarea
de lograr para todos,
los hijos de la América,
una Tierra tan justa,
tan libre,
tan extensa,
que sea para todos:
promesa,
hogar,
sentimiento,
respuesta.
No el balde
Salias y Landaeta,
dos insignes patriotas,
suscribieron tu gesta;
y te cantamos todos
con el mismo tezón,
la misma fortaleza
de quien tiene el fervor
de un corazón alerta.