Hoy se puso la brisa
unas trenzas muy largas
y comenzo a azotarlas
entre los muchos árboles
que habitan en la orilla.
Los árboles, golpeados
por la ingrata visita
bambolean sus ramas
resistiendo al saludo
que regala la brisa.
El río, ya agitado
por la pronta embestida,
hace en su superficie
olitas pequeñitas,
en un enjambre fuerte,
negando bienvenidas.
Cuando la brisa pasa
convirtiéndose en viento,
se oye como los pájaros,
escondidos, sujetos,
van largando sus quejas
en un sin fin de intentos.
Y la brisa, en su prisa,
convirtiéndose en viento,
hace ovillos de nubes
allá, en el firmamento.