Hilamos la historia
sin saber de ella.
Usamos nuestros propios
cronogramas,
hicimos esa historia
contando nuestras penas
y alzando nuestra rabia.
Desenterramos cantos
y cantamos.
Debajo de los árboles
la sombra
que cobija los sueños
y relatos,
con la gran libertad
del cómo y cuándo.
Hablamos de la furia
y del combate,
de lo que pertenece
y lo ignorado,
de las horas desnudas
que danzaban,
titilando en las velas
del hallazgo.
Hilamos esa historia,
tantas veces…
Nuestro sueño de verte
fue flotando,
hasta la madrugada
en que sentimos
que solo era ceniza
nuestro canto.
Comprendimos:
que siempre en la pelea
hay uno que muere,
mientras tanto,
deja el dolor dormido
y el abrazo
que no tendrá lugar
en el espacio.
Y como tercos,
lo que siempre fuimos,
vivimos con la duda
y el relato
que te veía llegar
desde las sombras,
esperando el momento
de encontrarnos…