Es esta soledad
la que me elige,
la casa llena de ayer
es la silente potestad ahora,
la risa,
desde las fotos
como participando lo que fuimos,
el salón arreglado,
tan limpio,
me recuerda
que sólo debo
recoger el polvo
y una que otra migaja
de la mesa,
las cosas estarán allí
sin que nadie las mueva,
cada cosa en su sitio
sin que grite la idea.
Ya no entrarán las caras
a veces sonrientes,
a veces compungidas,
pero siempre expectantes,
de mis niños
deletreando un suceso
triste o feliz,
según nos cuente el caso.
me desnudo y asisto
a la estricta desnudez
que no pude entregar
en el abrazo,
no habrá llamadas
a la puerta
de mi cuarto
que desarraigue
el arraigo
que quisimos.
La comida estará allí
y allí se quedará
inútilmente abro la nevera
inútilmente, también,
vuelvo a cerrarla
y sigue todo allí
todo gritándome
¡ya te has quedado sola!
no se si en la amargura
de los años
o en la resignación
por la tarea cumplida
doy gracias al Creador
por estar sola
si la felicidad
me los abriga.