Entre mi yo, que emana
su fiesta de palabras,
hay un eterno acuerdo,
que no propicia nada
cuando, torpe, la esquivo
sin subir a su espalda.
Juego a las escondidas
buscando no encontrarla
y ella, siempre dispuesta,
sin pensar en mis ganas,
viene en mi busca siempre
y, junto a mí, se instala.
Entre mi yo y mi musa
existen horas largas,
entre ser y no ser,
entre importar lo mucho
o no importar nada
que deshaga la prisa
que entre versos se instala.
Entre mi yo y mi musa
van tornándose pocas
las horas no encontradas…
Ella vive conmigo
y yo, por ayudarla
doy fe de lo que siente,
aunque no sienta nada…