Camino entre mis luchas
esgrimiendo
ese tonto quehacer
que nunca aprendo.
Amordazo palabras,
tras los vientos,
que vienen y se alejan
de esos errantes sueños.
Todo es camino largo
sin remedio.
Y me siento a fingir
felicidades,
y me da por pedir
lo que me salve,
para permanecer
cada vez, justo,
a mayores latidos
ancestrales
que vivieran en mí,
tal vez jugando
a cualquier ejercicio
que me iguale
con los tontos deseos
que enfrentaron
las miles de oraciones
que une a mis aires,
siempre corriendo a prisa
tras los vientos
que aligeran la lluvia
de detalles.
Caminando así,
trastocando en mí misma
cualquier herida abierta
en mi celaje…