Tu me diste la lana
para hilar esos hilos,
con tu propia semilla
tu me hiciste en grandeza
en bravura y en bríos,
tu amasaste la brea,
modelaste siluetas,
con una horma tan tuya
que yo sentí tan mía.
Me miraba en tus ojos
y era la misma brisa
soslayando los míos
y la misma cadencia
racional del espíritu
y la misma certeza,
con los mismos instintos,
compartiendo los tiempos
en el quehacer de siempre
y en la misma faena
nadie pudo dar más
dando tan poco tiempo
ni ser tan recordado
cuando paran los años
y aún siento mi espíritu
anexado a tu espíritu
pues no logró la muerte
separarnos.
¡Es lindo!
porque a pesar del tiempo
y de la muerte misma:
¡yo te sigo queriendo,
yo te sigo añorando!