En medio de la tarde
la lluvia se nos vino,
así, como hace siempre,
sin pedirnos permiso,
sin pensar en la gente.
Y de poquito a poco,
fue mojando el camino
regando las alfombras
de hierbas en la calzada,
los árboles, las flores,
los arbustos, las casas.
Las ramas disfrutando
el goce de la dadiva
esperaban tranquilas
que la lluvia pasara,
y los robustos árboles
extendieron sus ramas,
cubriendo con sus hojas
los nidos que clamaban
un callarse de vientos,
un resurgir de alas,
acuñando pequeños
aleteos sin pausa.
Poquito a poco llueve,
mientras la paz descansa,
en un so saber cuando
terminará la zafra
de las aguas del río
hacia costas lejanas.
La lluvia vino hoy,
yo me senté a mirarla,
y entre gotas y gotas
manaba la esperanza
de un resurgir de hojas,
de cantos
y alabanzas.