No es nada…
Dice el viento,
pero ya las espigas
se inmolaron
al paso de los pasos
que vencieron
toda la vastedad
de los senderos,
y unos suaves murmullos
sucumbieron
a las gritos alegres
que emanaban
de las voces de pueblo
que emergieron.
No es nada…
Dice el viento,
pero el viento también
estaba preso,
de la idea febril
que se hilvanaba,
junto a la brisa altiva,
que callada,
sonreía hacia el paso
de lo eterno.
Una ráfaga de luz,
como metralla
irrumpió en el silencio
del ocaso.
Hubo escasez de oscuros
en los claroscuros,
y un cierto brillo a la luz
de todos los recuerdos.
No es nada…
Dice el viento,
pero ya un pregonar
de abrir caminos,
dando gloria a los pueblos,
puso sus paradojas
y preguntas
en las mentes
de todos los que fueron.
Y todos los citados
se encontraron
en la gran caravana
de derechos.
Cada mano izó un ramo
de promesas
y cada corazón
un silencioso credo.
No es nada…
Dice el viento,
y desobedecimos al silencio,
mirando al viento
resoplar los ecos,
diciéndole verdades
a los pueblos.