Yo que mire la luna entre las sombras
de una noche alargada en los espacios,
antepuse a la noche mis propios desencantos
añorando el encuentro de futuras auroras.
Yo que hice de apuros
mi imbornal de aguas turbias,
rogándole a la magia de los días tranquilos
un sosegado tiempo de aguas cristalinas
ensalmando mis días con sus propios efluvios.
Yo que indolente estaba, viviendo a mi manera
con todos los poderes manando de las sienes
con sus canas certeras.
Yo que grite efectistas proclamas a la tarde,
tragándome las ganas de alzarme, desplegando
los brazos angustiados de perennes renuncias.
Yo que pensando siempre me quedo en el relevo
de las horas perdidas en mis propios encierros.
Yo que no entiendo nada de lo que está pasando,
hago elipsis en frases que tú vas continuando
sin que nos llegue el donde, ni nos expliquen cuando.
Yo que quisiera toda la placidez de un verso
calmo, calmo en las aguas de nuestros pensamientos.
Yo no me explico cuando soltaste las amarras
y te me fuiste solo, tendido sobre el alba,
dejándome tejida de angustias y palabras,
de recuerdos y mudos desafíos sin anclas.