Me gustaría pintar,
si se pudiera,
la augusta majestad
de las palmeras
meciéndose con gracia,
en el lejano toque del paisaje,
que a los pies de tu cerro
hace desaires
al viento cortejando
sus aplausos.
Me gustaría pintar,
si se pudiera,
aquella nube
desvaneciendo tu perfil de atleta,
entre un ir y venir
de brisa suave
que sube hasta los bordes
de la cresta.
Me gustaría pintar,
si se pudiera,
la suave fantasía
de las casas
desdibujadas apenas
en el valle
y trepando los cerros
cual salvajes
animalitos trepadores de la tarde.
Me gustaría pintar,
si se pudiera,
toda la algarabía de las aves,
que pasan revelando sus colores
en la mañana quieta
y transparente, dando sonido y luz
a un arco iris
que se bate en las alas
desiguales.
Me gustaría pintar,
si se pudiera,
la inocencia de un niño
con la mirada alerta,
que pregunta sobre los mil secretos
del universo entero,
queriendo comprender
lo que le inquieta.
Me gustaría pintar,
si se pudiera,
las seculares canas pensativas,
de las altas montañas,
la majestad del mar
en sus oleajes,
la infinita plenitud
de un cielo abierto
sin nubes que distraigan
su donaire.
O esa paz controlada
que luce la ciudad
bajo el acecho de trabajo
y miserias que castigan
a los pobres de siempre,
que no logran ganar
para colmar el hambre,
ni logran redimirse
en la fatiga.
O la grata bendición
que da la madre
para que todos duerman,
olvidando,
que otro mañana empieza,
cada día.
O la pueril preñez
de la muchacha
que va clamando a Dios
por las desgracias
de una creyente voz
que así la obliga
a cargar con la culpa
de sus ansias,
en el duro fragor
de la vigilia.
O la impía mansedumbre
del que llora
para ganarse el pan,
a toda hora,
sentado en un lugar
de alguna plaza,
Si pudiera pintar,
si yo pudiera,
pintaría los bordes de la Patria,
naciéndose en los límites
de un flamante hoguera,
que va quemando robos y miserias
y va fundando pueblos
sin fronteras,
donde el buen pan
realza el optimismo
de vivir otra vida
en esta tierra.
Si pudiera pintar,
yo pintaría
la sonrisa de paz
bailando ante los ojos
de millones de hombres
que se miran,
mientras siembran y cantan
construyendo la Patria
eterna de Bolívar.
Pero no se pintar,
y el vano empeño,
se me crece en las manos
que deliran…