Llegó El Duende
Llegó El Duende

Llegó El Duende

Llegó el duende,

tomó la varita,

la tensó en el aire,

le pareció buena,

oyó los sonidos

a través de ella, y

mientras vibraba,

toditas las notas

al aire lanzaba.

Acudieron todos

a oír el concierto.

La garza no pudo

llegar tan temprano

porque una patita

se atoró en el fango.

Eso si, allí estaban

todos los pericos,

todos los gusanos

con abrigo extraño,

los escarabajos

y las mariposas,

los hongos del monte

con sombrero raro,

miraban a todos

los que iban llegando.

El ornitorrinco

pensó que podía,

cambiarle unas notas

a la sinfonía.

Las palomas turcas

y las mensajeras,

solo discutían

por ser las primeras,

bien sintonizadas

en su vuelo raudo,

también se veían

como aterrizando

algunas gaviotas

que venían cantando.

Así, poco a poco,

hablando, ensayando,

se llenó el espacio

que se había acordado

para el gran concierto

de los animales.

Cada uno lucía

gruesa bufanda

(así no se enfrían

gargantas corales).

 

Al toque del duende

toditos cantaron

un himno bellísimo

al más viejo árbol.

 

Así, poco a poco

se fueron llenando

de hermosos sonidos

todos los espacios.

 

Así renacieron

todos los capullos

de todas las ramas

del árbol más viejo.

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