La verdad se parece
a las aguas ocultas
que sugieren, rebeldes,
un camino a su cauce
y se abren de pronto
sobre surcos certeros
hasta mostrarnos todo
su poder inminente.
La verdad se parece
a la semilla eterna
que se abrirá en el manto
húmedo de la tierra
para dar la cosecha
de la pasada siembra.
La verdad se parece
a todas las creencias
que tuvimos de niños
custodiándose siempre
tras la propia inocencia,
y vertiéndose rauda
sobre todos los hechos.
La verdad se parece
demasiado al amor.
No puedes ocultarla,
puedes disminuirla,
comprimirla, erosionarla,
asfixiarla, dividirla,
o tratar de esconderla.
No importa, surgirá
en el momento justo,
en la hora anunciada,
en su justa medida
y en su propio contexto.
La verdad es el símbolo
de las cosas pequeñas
que suelen alcanzar
la eternidad.