La lluvia vaga
aderezando el viaje,
con ultrosos silbidos
entre hojas.
La voz se hace más tenue,
la mirada furtiva.
Comienza otro minuto
para el hostil silencio,
y las manos se juntan
para unir las palabras
que murmuran al viento.
Es en este clamor
de las tantas preguntas
cuando hablan las gotas
contra el cristal que calla.
Inútil presentir
que ya es muy tarde
para determinar
cual es la falta.
Esas palabras tristes,
escondidas,
presumiendo detalles,
no marcharan, por hoy,
tras de la lluvia
a inundar las respuestas,
que pululan,
en este siempre estar
tras de mi propio cauce…