¿Y ahora?
¿Cuánta sonrisa falsa
en los saludos?
¿Cuánta veracidad
en las palabras
hacia «la pobre vieja»
en el futuro?
¿Cuánto mirar,
sin esperar respuestas,
en intangibles muros?
¿Cuánta diversidad
en las ideas
que luchan por vencerse
y por vencerme,
sin que tengan la lógica
en todo lo que pienso
y todo lo que auguro?
¿Cuántos caminos más
para unos pasos
sin esa dirección
de la que van logrando:
en detallados fines,
en deseables futuros,
en logrados descansos?
Y al final…
¿Cuánto abrazo
recordándome siempre
el amor que se tuvo
y perdonó en el tiempo
como el mejor futuro?
Esa viejita sola,
que sonríe:
¿estará sonriendo,
mientras piensa
en los tantos posibles
que lamentan
toda la soledad
en la que vive?