En lo alto del río
van creando las aves
esos vuelos envueltos
en pedazos de nubes
y rayitos de sol.
En lo alto, más alto,
ese sol escondido
va añorando otra vuelta,
otra tarde, otro amor.
Y, desde alla, el viento,
jugando a fastidiar
todas las hojas,
que viajan como siempre,
maquinando su brisa
a través de las horas.
Y aquí,
la tarde sigue,
triste, como otros días.
Y la luna no sabe
si salir de puntillas
o quedarse entre nubes,
fingiendo lejanías.
Pero, a pesar de todo,
la tarde está tranquila
relamiendo minutos
mientras vaga en la orilla.