Vale pensar
en agnósticos parajes
diseñados en luz
para inundar el alma.
Ver la diafanidad
de las aguas cruzando,
sin distinguir detalles
que no valen la pena.
Vale sentir, soñar
con fronteras,
caminos y riberas
sobre este mundo ancho,
donde no entre el dolor
a perturbarnos.
Vale creer,
unidad en espiritu,
recordar:
que no existen barreras
para los sueños largos,
largos, largos…
Como los sueños míos
o tuyos,
o de ambos.
Vale pensar que tienes tu Dios
y yo tengo mi Dios
para abrazarnos