El día pinta grises
en todos los espacios.
El río navegando,
hace su viaje largo
diseñando las olas
que el viento va remando,
hacia lejanos puertos
donde el mar espera
la ofrenda del legado…
El día pinta grises
y van cayendo, tristes,
las hojas desde el árbol,
sabiendo que es inútil
permanecer arriba
donde las ramas urgen
por el nuevo regalo,
como si fuera poco
vivir para contarlo…
Las aves hacen pausas
sobre los mismos cantos.
Se alzan y prolongan
el continuo aleteo
y el continuo trabajo,
sugiriendo las ramas
para el nuevo posado,
mientras van construyendo
los nidos, con cuidado.
Y el día pinta grises,
más allá de las vallas
del último cercado,
a pesar del encuentro
que siempre disfrutamos
con la alharaca alegre
de las aves charlando,
y el río, que en su marcha,
nos sigue acompañando…