Hoy los árboles tienen
su gemido de viento.
Los amplios trajes verdes
se deshacen en hojas
mientras la brisa viene
y en un ligero viaje
se marchan y desvanecen.
Hoy grita hasta la lluvia
en queja milenaria
y profundiza el agua
su retorno a la tierra.
Las aves, sin abrigo,
se apuran con revuelos,
en las tupidas ramas,
donde los trinos crecen
y el sol juega a entenderlos.
Hay aceras silentes
sin los pasos de siempre,
y un dejo entre las ondas
aspirando el regreso.
Hoy parece una calma
nutrida de esperanzas,
con su pasaje místico
surcando las oleadas
tras el platón de barcos
tranquilos, en su marcha,
y un sol, que ya se oculta
entre nubes y ramas…